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Las patologías de la democracia: ‘ineptocracia’, ‘demagocracia’ y ‘cinismocracia’

 

  • Redacción NoticiasFuerteventura
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    Interesante el término “ineptocracia”, al parecer acuñado por el filósofo francés Jean d’Ormesson, quien viene a definirlo como "un sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por lo menos preparados para producir, y los menos preparados para sustentarse a sí mismos son recompensados con bienes y servicios pagados con los impuestos procedentes del trabajo y la riqueza de un número cada vez menor de productores”. Me resulta dura una concepción tan extrema de este término, pero debo reconocer que no creo que esté demasiado desatinada. Y en cualquier caso, merecería la pena abrir el debate de lo que está pasando en este sentido.

     

    Creo que la ‘ineptocracia’, atendiendo exclusivamente a su acepción literal, como el gobierno de los ineptos, se ha convertido en un mal cada vez más generalizado, que está carcomiendo los cimientos del propio sistema democrático, afectando a uno y otro lado del espectro ideológico e institucional. En las instituciones públicas ya no hay burócratas, lo que hay son ‘ineptócratas’ que no saben resolver cómo colocar una bombilla si no firma el alcalde/alcaldesa de turno la orden y después va a sacarse la foto. A los procesos burocráticos, de por sí ya ineficientes, se ha sumado que éstos han caído en manos de mediocres que no saben ni cómo aplicarlos, pero que son quienes dirigen las instituciones.

     

    El alcance de este asunto, no obstante, va mucho más allá. Creo que la democracia se ha topado con sus propias limitaciones intrínsecas y empieza a dar síntomas de otras paradojas irresolubles. El sistema democrático tiene problemas serios, y si no evoluciona, degenerará inevitablemente. Sus propias contradicciones están derivando también en algunas variantes pseudodemocráticas, institucionalizadas en forma de ‘demagocracia’ y de ‘cinismocracia’. Curiosamente se hace más evidente en aquellas ideologías que se autoproclaman más demócratas, que se están llenando de demagogia y de sofismas ante el vacío de argumentos por el que atraviesan, y que se han infectado de cinismo ante la ausencia evidente de coherencia, entre lo que pregonan y lo que hacen. Pero en realidad ocurre en todo el espacio ideológico, porque de facto todos están dando por bueno el gobierno de los incompetentes. El caso es que hasta es políticamente incorrecto hablar de meritocracia, o sea del gobierno de los mejores, porque la ‘ineptocracia’ se afana en promover un ilógico igualitarismo que quiere equipararnos a todos, pero por la rasante más baja, en los niveles donde todos valemos “lo menos” y nos esforzamos “lo mínimo”. Los ciudadanos deberíamos preguntarnos por qué estamos permitiendo esto, y cuestionarnos con total honestidad si no estaremos formando parte nosotros mismos de una sociedad cada vez más idiotizada. Que nos gobiernen los más inútiles, no sólo es un absurdo descomunal, sino que es una clara patología democrática.