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Poner el foco en los impuestos y las alternativas

 

  • Redacción NoticiasFuerteventura
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    Es obvio que pagar impuestos no goza de buena fama, pero hay que pagarlos para mantener lo que se llama Sociedad del Bienestar y un “monstruo” al que se califica la administracion pública, sea de ámbito estatal, autonómico o local. Una de las preguntas que más se utiliza, por gran parte de la sociedad, es si ¿están bien distribuidos?. Esta cuestión depende de los gobernantes y del perfil ideológico de los partidos políticos. En el recuerdo está la crisis financiera global iniciada en el 2008. La recesión económica produjo un grave déficit en las balanzas públicas. Quiero decir que la caída de los ingresos públicos, por una catastrófica gestión política, se inició una etapa de recortes y subida de impuestos, en todos los ámbitos. Las consecuencias ya es conocida: Miles de trabajadores al paro y miles de autónomos, de pequeñas y medianas empresas, desaparecieron. Políticas fiscales mal diseñadas, hizo tambalear el Estado del Bienestar, pues afectaba directamente a la educación, sanidad, pensiones y servicios sociales. Yo siempre me he preguntado si el problema está en el gasto o en la gestión política que, generalmente no estudia cómo se puede ingresar   más y mejor, sin ir a lo más fácil de subir los impuestos a los contribuyentes y a las pymes (Pequeñas y Medianas Empresas). En los debates políticos, en campañas electorales, se habla en demasía de los impuestos, con un lenguaje que, la mayor parte de los electores, no entiende, porque se pone el acento, en abundancia, con un lenguaje muy tecnificado y complejo para ser comprensible para una buena parte de los pobladores. Se pregona de un sistema fiscal justo y solidario, en plena campaña electoral, pero una vez en el poder, todas las promesas desaparecen, porque la realidad impone sus reglas y el Estado, en referencia a todas las administraciones públicas, necesita dotarse de recursos, no solos para ofrecer servicios e inversiones públicas sino mantener a un total de 2.583. 494 funcionarios-empleados públicos, según datos oficiales que recojo del Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas, del último semestre. En esta estadística no se contempla otro tipo de personal que recibe retribuciones públicas, como los altos y cargos públicos, políticos electos, personal de empresas públicas, fundaciones, consorcios, personal del Centro Nacional de Inteligencia, entre otros.

      

    Hay que precisar que el llamado Estado del Bienestar es sostenido mayoritariamente por las rentas del trabajo y del consumo. El poder adquisitivo de los ciudadanos es primordial y las empresas privadas y autónomos, son las que crean empleo para sostener el modus vivendi actual. Pero para ello es primordial construir un sistema fiscal que permita construir una sociedad sostenible. Pero, evidentemente, esto no ocurre y bien es sabido que los impuestos, desgraciadamente, son utilizados de forma electoralista y, como es obvio, esta actitud irresponsable crea mucha desconfianza en los contribuyentes con sus representantes políticos. Y esto, por supuesto, no ayuda a corregir las potenciales desigualdades existentes. La mayor recaudación tributaria se encuentra en el IRPF y los impuestos al consumo (IVA-IGIC) con más del 70%. El resto de la recaudación, corresponde en un 11% al impuesto de sociedades y otro similar al 11% a los impuestos especiales, entre otros. Todos los informes que he ojeado, se habla de que los contribuyentes del Reino de España se ha implantado una gran presión fiscal sobre las clases medias y bajas. Este fenómeno es peligroso, porque incide directamente en el consumo y sus consecuencias es el desempleo. Además que puede provocar que un estado se tambalee y resurja regímenes autoritarios, como alternativa a la soberanía del propio Estado. Tenemos que tener en cuenta que vivimos en una época globalizada, donde el mercado se transforma en muy competitivo y las empresas buscan países con menos impuestos de sociedades, el que grava los beneficios empresariales y el impuesto a las rentas del capital. Todo es muy complejo y son cuestiones con soluciones muy variables y propuestas múltiples. Una fiscalidad justa es posible, pero corresponde a los representantes políticos tomar medidas, en beneficio de todos, pero contemplando más lo que es legítimo y ético, pero para ello deben de cambiar las leyes fiscales implantadas y hacerlas más equitativas, para, de esa forma, conseguir una sociedad más digna, próspera y solidaria. Como han podido comprobar, hablar de impuestos no es fácil. Solo sabemos la obligación de pagarlos. Son necesarios, siempre y cuando sean justos. Pero esto es otra historia.