Un apaño vergonzoso

 

Francisco Pomares

 

Hace años que defiendo la necesidad de reformar el sistema electoral en Canarias. Hace 35 años, para ser exacto, cuando aún no funcionaba este. No digo que la triple paridad haya sido un desastre. Afirmo de hecho que sin algún formato de equilibrio entre las provincias de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas, y entre las islas menores y mayores, la autonomía en esta región no habría podido construirse. Pero ese formato no tenía que ser necesariamente el de la triple paridad. Los socialistas propusieron en 1982 un sistema de representación basado en un acuerdo entre política y territorio, un acuerdo que significaba una lista regional y un número idéntico (y bajo) de diputados por cada una de las islas. Lo que establecen como filosofía la Ley Orgánica de Régimen Electoral General y la Constitución. Ese sistema no prosperó, porque la derecha canaria -entonces instalada en UCD- quería reproducir en las Islas el sistema que prima a los territorios menos poblados que tan bien le había funcionado en el Senado, beneficiando descaradamente el voto conservador. En Canarias no ocurrió exactamente lo que habían previsto, porque la autonomía arrancó coincidiendo con la victoria socialista de 1982, usando la representación de las elecciones generales para el Parlamento provisional, y con la derecha lamiéndose las heridas. Aun así, conviene recordar que Canarias arrancó con un Gobierno de izquierdas, porque la derecha estaba completamente rota. La derecha tinerfeña prefirió apoyar al socialista güimarero Pedro Guerra para la presidencia del Parlamento antes que a un político grancanario, y la derecha grancanaria optó entonces por permitir que Saavedra se convirtiera en presidente. A partir de ahí, la representación política no funcionó como se suponía y en las islas periféricas el voto conservador no tuvo el peso que se esperaba.

 

Eso y el rescate de las islas menores para la política regional -uno de los grandes éxitos de la Autonomía en estos años ha sido la confluencia social de las islas menores con las capitalinas- contribuyó a que nadie discutiera una representación en la que -es sabido- se prima más al territorio que a los ciudadanos que votan.

 

Ahora quieren resolverlo con un sistema que no resuelve absolutamente nada (sus efectos son similares a los que produce la baja de los topes electorales), y que consiste en crear un colegio de restos. Un sistema cobarde que apoyan todos los partidos porque consiste en repartirse nueve diputados más pero no soluciona el problema más grave de la política canaria, que no es la representación, como suelen decirnos, sino la inexistencia de una clase política regional, deudora de servidumbres y apegos regionales, surgida de proyectos y aspiraciones regionales. Sin crear una circunscripción regional, y sin que esta disponga al menos del mismo número de diputados que los que se eligen por las islas, esto no va a resolverse nunca. Nunca. Menos, con un apaño vergonzante de restos y repartos.

 

Lo que pretenden es que nos gastemos otro millón y medio más de euros en sueldos, dietas, viajes, subvenciones a los grupos y coches oficiales, y eso sin sumar las reformas para meter diez diputados más en una cámara donde ya no caben los que están. Es una vergüenza que no sean capaces de resolver esto sin regalarse más canonjías. Resolverlo sería tan sencillo como establecer un mínimo de tres diputados por isla -21- y los demás -las dos terceras partes restantes- elegirlos en una única lista regional, que se votarían en cada isla en la misma papeleta, igual que se hacía antes con los Cabildos, cuando se votaba por partidos judiciales. El mismo número de diputados por isla, sea grande o pequeña, el mismo coste que ahora, y las dos terceras partes del Parlamento elegidas por todos los ciudadanos de Canarias. Esa es la posición que algunos hemos defendido siempre, pero de la que nadie habla. No les interesa. Es mejor repartirse diez diputados más, que es mentira que no van a costar más, como dice, y mantener el actual sistema injusto. Nos han vuelto a engañar. Nos han tomado el pelo con reuniones y comisiones interminables. Mientras en esta región sigamos peleando entre nosotros, que es de lo que se trata, medrarán ellos. Así de simple.

 

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