23 años sin la Legión

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El 4 de enero de 1996 y tras 20 años de convivencia conflictiva se despedía de la isla el Tercio de Juan de Austria

 

Redacción NoticiasFuerteventura/ Fte Eder M.

  

Fuerteventura era en 1975 un territorio tan desolado que tenía muchas similitudes con el desierto que el tercio Don Juan de Austria acababa de abandonar tras la descolonización del Sáhara occidental. La irrupción de los, herederos de del Millán Astray en la capital de esta isla canaria duplicó de golpe su población nativa y acabó con la pacífica convivencia de un pueblo ajeno a los sobresaltos. El proceso de integración de la Legión en la vida de Fuerteventura fue traumático y estuvo plagado de gravísimos incidentes: agresiones a civiles, secuestro de un avión y varios asesinatos.

 

En palabras de Gerardo Mesa a “El País” en el año 96 recordaba  “que la llegada de 5.000 legionarios a Puerto del Rosario, cuya población oscilaba entonces entre las 8.000 y las 10.000 personas, supuso un choque brutal que distorsionó la vida de los majoreros".

 

En declaraciones a este mismo diario del alcalde de la capital en aquella época, el socialista Eustaquio Santana, reconocía que Ios comienzos fueron francamente difíciles, con graves desmanes que perjudicaron no sólo a la población, sino también a la imagen de las Fuerzas Armadas".

 

El cambio inmediato

 

Los majoreros y la Legión española vieron cruzar sus caminos entre 1976 y 1996. Hasta entonces, hogares con la puerta abierta y dejar el coche sin cerrar con llave, había sido el proceder normal en una isla en la que todos, se conocían. En 13 años se habían denunciado dos robos de vehículos. Solo en enero de 1976, hubo veinte robos.

 

A los tres meses, de su llegada, el 27 de abril de 1976, Pablo Espinel de Vera (43 años), alcalde pedáneo de Guisgey, trabajaba en la cuadra junto a su casa. Dos legionarios de un grupo de cinco, se acercaron, armados, para pedirle algo, por las buenas o por las malas. Le dispararon un primer tiro e hizo el intento de llegar a casa y coger su escopeta de caza para defenderse, pero sería ametrallado antes de poder hacerlo. Para lavarse las manos, a aquellos que la liaban, el ejército los consideraba desertores, aunque hubiesen cometido el crimen una hora después de salir del cuartel. Así fue en el caso de Andrés del Teso y José Gaspar Piris, condenados a 30 años por este asesinato.

 

Apenas dos semanas después, el 12 de mayo, cuando Fuerteventura se preparaba para la visita del Gobernador Civil, legionarios a 140 kilómetros por hora en un coche robado, chocaron de frente con el vehículo en el que iba el Presidente del Cabildo Insular, Santiago Hormiga Domínguez, de 59 años. Tras dos semanas hospitalizado con 7 fracturas de cráneo, murió el día 26.

 

El año siguiente, según informe presentado en el Congreso de los diputados por el grupo mixto un tiempo después, se saldaría con el asesinato de otro civil a manos de legionarios en Playa Blanca, así como el asalto, brutal agresión y robo a un taxista en La Oliva, suerte que correría en 1978 otro taxista, en un año en el que legionarios allanaron por dos veces la morada del ex presidente del Cabildo insular y colocaron una bomba de humo en la discoteca del Hotel Jandía Playa.

 

En el verano de 1979 se dieron varios incidentes bastante graves. Tres legionarios secuestraron a punta de metralleta un avión con seis pasajeros (dos niñas incluidas) y tras dar la vuelta a medio mundo, intentando aterrizar, sin recibir permiso, en Nigeria, Marruecos y Argelia, liberaron en Lisboa a los pasajeros y parte de la tripulación y siguieron hasta Ginebra, donde fueron detenidos .

 

En los días siguientes, se sucedieron el intento de secuestro de un ferry, los robos de varios pesqueros, el secuestro de un yate, así que el ayuntamiento de Puerto del Rosario acordó por unanimidad solicitar el traslado del Tercio de la Legión y el propio Cabildo insular llegó a pedir, con un solo voto contrario, la disolución total del mismo, trasladando al Congreso de los diputados la petición de una comisión de investigación.

 

Un diputado canario volvió a recordar en el Congreso lo que estaba pasando, siendo respondido por un indignado vicepresidente como Gutiérrez Mellado con un «¿Se ha dicho aquí que la Legión ha cometido crímenes? Yo pido que se traiga una ley que haga imposible decir tales cosas a un diputado, por muy diputado que sea»

 

El 19 de mayo de 1980 en Puertito de Los Molinos, en el descanso de unas maniobras militares, el sargento Vicente Castro Pereira se acercó al teniente José Fernández Fernández y tras un “esto por perro chivato”, le obsequió una ráfaga de subfusil de cintura para arriba. En cuatro días ya se había celebrado consejo sumarísimo, siendo condenado el sargento a 30 años.

  

En 1981, fueron detenidos, creando un comando, tres legionarios, que al parecer habían tenido un conflicto con un hostelero, montando una bomba casera con una granada adosada a una bombona de butano. Fueron descubiertos en plena preparación del atentado.

 

En enero de 1982 fueron encontrados enterrados en la arena de Costa Calma, los cadáveres de Joseph Johan Erhard Dodel, alemán de 68 años y Babette Maria Geb-durst Dodel, de 66, su pareja. Fue detenido un legionario, Henri Jean Boix, que confesó haberlos disparado para robarles la furgoneta y que tras enterrarlos se fue de discotecas a Puerto del Rosario. Pero es que también confesó haber matado días antes a Rene Víctor Aymeric des Hummieres, francés de 66 años a quien había disparado en cabeza y espalda para arrojarlo después a un pozo de 58 metros de profundidad.

 

Fue condenado a 99 años de prisión. El hijo del matrimonio alemán tuvo que recurrir la sentencia, ya que se le consideró un desertor y por lo tanto el estado se lavó las manos a la hora de pagar la indemnización que el autor, declarado insolvente, no podía asumir.

 

En el año 82, en junio, un legionario cuya misión era la vigilancia del aeropuerto, acabó disparando contra la torre de control y el avión que pretendía secuestrar. Las autoridades majoreras insistían, sin éxito, en la necesidad imperiosa de enterrar en el olvido a la Legión.

 

Un año después, un capitán de “ilustre” apellido, Juan Milans del Bosch, agredió al presidente del Cabildo. El 2 de abril de 1985, otro legionario de tan “honorable” apellido, el Teniente José Joaquín Milán del Bosch, atropelló mortalmente al chaval de 17 años Javier Martel Peña. El Cabildo de la isla volvió a pedir la desaparición de la Legión, no ya de la isla, sino de todo el país, o a ser posible, de la faz de la tierra.

 

Ese año ya habían esquivado a la muerte unos científicos británicos que vieron silbar balas a su alrededor y poco después volverían los robos de barcos, más disparos gratuitos contra civiles, robos de ganado y “extraños” fuegos coincidiendo con maniobras militares, aumento enorme de la prostitución…no cambiaría demasiado el asunto en 1986, con tres legionarios, sin quitarse siquiera el uniforme, atracando una joyería tras apuñalar a su dueño o sargentos en busca y captura por amenazar de muerte, por carta, a jueces.

 

En 1988, después de que un brigada, sin quitarse el uniforme, se liase a tiros en un bar hiriendo en el hombro al hostelero, el Parlamento Canario volvió a pedir soluciones urgentes al asunto. 15 jóvenes y 2 niños atrapados en una playa entre los disparos y explosiones de un ejercicio militar fuera de la zona habilitada, un artefacto explosivo de trilita haciendo explotar el coche de un brigada y afectando a las viviendas de la zona, un destacamento de la Legión tomando un cementerio en el que forzaron verjas, panteones, oficina y almacén, legionarios interrumpiendo con ejercicios de tiro una misa, mientras helicópteros sobrevolaban las casas de Puerto del Rosario en persecución de soldados que disparaban desde las calles, legionarios armados con metralletas entrando en una escuela taller, no es de extrañar que ante la sugerencia del Ministro de Defensa, de trasladar unidades de Fuerteventura a Ronda, el ayuntamiento de la localidad malagueña rechazase tal posibilidad.

 

Como repeticiones de jugadas pasadas, en 1991, dos legionarios pasados de todo, intentaron secuestrar un avión, llegando a amenazar, para su pretensión, con una supuesta bomba. Fue el año que comenzó en Gran Canaria con la aparición del cadáver del alemán de 82 años Karl Flick, disparado en la cara por “el brujo”, el ex legionario antes mencionado que había pertenecido al mismo tercio de Fuerteventura, pero antes de su traslado, en tiempos del Sáhara. Al día siguiente encontraron a la mujer del anciano, Marta Küpper, de 87 años, violada y estrangulada. Durante casi un mes, la mitad de los uniformes de Tenerife buscaron por los montes de la zona a este psicópata que ya había violado y asesinado diez años antes al novio de otra víctima de su depravación sexual. Su historia terminó cuando, estando acorralado por la guardia civil, se voló la cabeza.

 

El tercio Don Juan de Austria estuvo cuatro años más en Fuerteventura. Siguieron los problemas y los líos, aunque de una forma más controlada, hasta que los majoreros pudieron, en enero del 96, respirar un poco tranquilos.

 

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