¿Época de cambios? No, cambio de época.


Chiqui Castellano Suárez
Directora Ejecutiva del Centro Atlántico de Pensamiento Estratégico (CATPE) 

 

Escuchamos y leemos continuamente en los medio de comunicación, las redes sociales, los foros de debate…. que Canarias debe cambiar su modelo productivo. Ese es precisamente, el paradigma del momento que nos ha tocado vivir, el cambio permanente, la necesidad ineludible de movernos para que las cosas sigan funcionando. Las empresas se mueven para captar las mejores ideas, las universidades se mueven para adaptarse a los nuevos sistemas tecnológicos, los consumidores se mueven para denunciar los abusos, hasta la iglesia se mueve, con la elección de un Papa que dice verdades como puños.

En lo que se refiere a cómo debemos cambiar para alcanzar y consolidar una sociedad y economía avanzada, no dedicamos la misma energía. Lo único que tenemos claro, es que la incertidumbre se ha instalado en nuestras vidas y que vivimos tiempos exponenciales. Las personas atesoran más y más conocimiento y la información fluye a una velocidad tremenda. Llegado a este punto, me pregunto ¿Nuestro sistema productivo cuenta con las herramientas adecuadas para facilitar el estado de bienestar que la ciudadanía demanda? ¿Con los mecanismos que contamos, podemos alcanzar los grandes retos a los que nos enfrentamos en la educación, el empleo, la gestión del talento, la economía y la sanidad?

Sin duda, estamos avanzando, prueba de ello, es que percibimos datos positivos que nos inspiran confianza. Tras un crecimiento del 2,8% en 2015, las previsiones apuntan a que el incremento se estabilizará en torno al 2,9% en 2016 y el 2,8% en 2017. Detrás de este impulso, residen tanto factores internos, como la mejora de la demanda, así como externos, la caída del precio del petróleo y una política monetaria que se mantendrá expansiva por un periodo prolongado.
Desde luego que se están utilizando ingredientes indispensables para mejorar la productividad y la competitividad de nuestra Comunidad Autónoma. La reestructuración hacia actividades más intensivas en tecnología, una economía que favorece el desarrollo industrial ligado a los productos agropecuarios, las energías renovables, la supresión de los apartados de la Ley de Renovación Turística de Canarias que limitaban la construcción de nuevos hoteles a aquellos de categoría 5 estrellas o superior, registrar el menor déficit público autonómico en 2015, la recepción de los fondos del extinto ITE, que supondrá 160 millones de euros anuales, es decir 0,4% del PIB regional, para los próximos 10 años, son ejemplo de ello, pero no cabe duda, de que aún, debemos seguir trabajando para progresar acertadamente.

A pesar de que las perspectivas son positivas, el ámbito no está exento de riesgos. El panorama económico global está anémico, la incertidumbre del contexto interno no está libre de riesgo, la indeterminación sobre el futuro de la política económica se mantiene en niveles elevados, el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE puede perjudicarnos dada la importancia que este mercado supone para nuestro sector turístico. Toda esta situación, no nos permite relajarnos, los riesgos siguen estando presentes y el impacto podría ser negativo y relevante. Por ello, requerimos políticas que sitúen la innovación, la formación y el empleo de calidad, en el centro de la agenda de los líderes políticos.

No debemos perder de vista, que para fomentar y desarrollar un ecosistema que pretende ser innovador, no solo necesitamos ciudadanos empoderados que tengan acceso pleno a ciertas infraestructuras esenciales. También deben contar con una actitud y competencias que les permita desarrollar proyectos autónomos y proactivos, deben percatar la confianza y la tranquilidad de que no van a ser objeto de abusos por parte del sistema. Asimismo, deben percibir el incentivo para mejorar su talento y seguir desarrollándolo, sabiendo que el mercado va a estar ahí para retribuirlo convenientemente.

Si algo nos ha enseñado la tremenda crisis que hemos atravesado, es que el sistema ha fallado y que tenemos que reconstruirlo. Para asentar un tejido productivo sólido y estable debemos comenzar por la base, es decir, la educación, que juega un papel esencial en los procesos de innovación. Si la educación va cuesta abajo, la región no puede ir cuesta arriba. Un componente que, a pesar de la reiteración con la que desde muchos ámbitos se sugiere, Canarias no avanza adecuadamente. No quiero ser pesimista, pero a los datos me remito, el porcentaje de jóvenes, Ninis, entre 16 y 24 años en 2007 era de 14,9%. Durante la crisis dicho porcentaje llegó a alcanzar un máximo de 28,1% en 2014. Esta cifra ha empezado a disminuir, situándose al cierre del 2015, 19,9%.
A mediados de la década pasada, la alegría con la que se concedían créditos y el boom de la construcción, motivó a muchos jóvenes a colgar los estudios para trabajar en este sector. Muchos decían “para que voy a estudiar y esforzarme si con esto ya gano más que tu”. Dónde quedó aquella frase que nuestros padres nos repetían como un mantra, el saber no ocupa lugar, quizás en los escombros de cualquier obra, que no se ha podido terminar.

Si analizamos aquellas sociedades que han revolucionado su modelo productivo hacia industrias de gran valor añadido, observamos que los innovadores tienen un gran reconocimiento social y que el espíritu de sacrificio colectivo y la meritocracia son valores en alza. Estamos ante un mercado global y las ofertas pueden llegar desde cualquier país, por ello, debemos saber que en el mundo laboral no hay más fronteras que la cualificación y el dominio de idiomas. La movilidad geográfica será uno de los condicionantes para parecer atractivo laboralmente hablando.

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