La televisión pública es víctima de una pregunta sin respuesta

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Por Santiago Negrín

Director de la TVAC

 

Es difícil comenzar a escribir este artículo. Difícil porque siempre he querido ser responsable y leal con la institución a la que me debo por ley y hablar donde siempre lo hecho: en el Parlamento de Canarias. Pero muchos de sus miembros han decidido no escuchar lo que tengo que decir a pesar de que se me pide que comparezca. Se exigen explicaciones, pero no se atiende a la respuesta. Antes sufro descalificaciones en los medios, después en las comisiones de control y por supuesto al finalizar. Mi obligación es aceptar cualquier crítica pero cuando me defiendo se levantan y se van, protagonizando un lamentable espectáculo anunciado. Afortunadamente no todos los grupos parlamentarios se comportan igual.

 

La televisión pública es víctima de una pregunta sin respuesta. ¿Por qué hay un empeño tan virulento por impedir la convocatoria del concurso de informativos? ¿Qué tiene este concurso que no tengan otros, incluso de mayor trascendencia?

 

Así, cuando quienes representan los intereses de todos los canarios no quieren escuchar, solo me queda dirigirme directamente a ustedes. Confío en que los ciudadanos de tercera, aquellos que no tenemos derecho a defendernos, siempre con respeto, ante los excesos de algún representante de la soberanía popular, reprueben a quienes ante la menor crítica se envuelven en la bandera de la ofensa a la institución. Los dos grupos políticos y la mesa de la comisión también representan dignamente al Parlamento y al permanecer en su puesto de trabajo lo dignificaron el pasado viernes. Gracias por su ejemplo. Quizás, no se quisiera escuchar cómo se denunciaba que el que se ha erigido en salvador de la Televisión Canaria, D. Román Rodríguez tiene en su haber el dudoso honor de ser el único político que se ha permitido llamar a la jefa de informativos, una profesional de esta casa desde hace más de quince años, para ejercer sobre ella una presión intolerable.

 

No voy a esconder lo evidente. En un contexto político y mediático como el actual, RTVC es una piñata demasiado atractiva para no jugar a reventarla en búsqueda del mejor premio: un concurso público y de paso, como apuntaba una portavoz parlamentaria, intentar debilitar al Gobierno de Canarias, aunque eso suponga jugar con los intereses de 2.500 familias entre empleos directos e indirectos.

 

Los problemas de la Televisión Pública son variados y vienen de viejo. Uno de los inmediatos es que el próximo 31 de agosto la Televisión Canaria y Canarias Radio se apagarán si no se prorroga el contrato de transporte de señal. La razón es que son necesarios tres votos, es decir la unanimidad, del actual Consejo Rector y doña María Lorenzo, representante del PSOE, se niega a apoyarlo. Creo que existe solo una razón para ello: sus propios intereses puestos en evidencia en una carta de 2013 en la que denunció este concurso al que ella, a través de sus empresas, pretendía optar y no pudo al no cumplir los requisitos, a su entender demasiados exigentes, pero ajustados a la ley.

 

Ella es plenamente consciente de esta situación, es por ello que está haciendo todo lo posible para evitar que el Consejo Rector funcione con normalidad y desacreditándolo con el fin de hacerlo inoperante. De ahí su rechazo a la secretaria sustituta nombrada legalmente, tal y como demuestra el acta redactada por el consejero don Alberto Padrón, en representación del PP, un profesional de reputación intachable, que siempre ha peleado por esta televisión, que ha hecho gala de una coherencia a prueba de ataques y presiones políticas y a quien agradezco su lealtad a RTVC a la que siempre ha ayudado a sacar adelante con su apoyo y aportaciones.

 

Superadas las maniobras de bloqueo provocadas por el conflicto de intereses de la consejera del PSOE, creo que debe prevalecer el informe de los servicios técnicos de TVPC que recomienda la prórroga por un año, cuando eran posibles hasta dos, para estudiar la mejor fórmula para el transporte de la señal y elaborar un pliego mejorado. Además, este informe, considera que la red está directamente relacionada con la prestación de los servicios informativos y que, dado que se va a realizar un nuevo concurso, era conveniente esperar a que se definieran las nuevas necesidades del mismo en el que se va a dar un importante salto tecnológico.

 

Nuestro objetivo era dejar esto resuelto lo antes posible. Expliqué a sus señorías en el Parlamento que a la situación imprevista por la baja de la secretaria titular del Consejo Rector se añadía encontrar a alguien que pudiera asumir provisionalmente sus funciones, que quisiera ponerle un cascabel a un tigre de bengala. Pero afortunadamente, ni los golpes iniciales, ni el ensañamiento, ni la desinformación han evitado que hoy el Consejo Rector pueda actuar con plenas garantías de legalidad.

 

Como esta situación no es suficientemente apremiante tenemos que afrontar el complejo concurso de los servicios informativos, por valor de 144 millones de euros, y que caduca de manera inexorable. Se tarda al menos seis meses en llevarse a cabo este procedimiento porque debe pasar por el Gobierno, la UE, una mesa de contratación... A esto hay que añadir otros seis meses para que el adjudicatario, sea quien sea, ponga en marcha los informativos. El contrato caduca el 1 de julio de 2018 y los más de 250 profesionales que dependen del mismo, serán subrogados por el ganador. De no culminarse este proceso sobre ellos se cierne la más evidente incertidumbre laboral.

 

Según los informes jurídicos recabados al inicio de los trabajos, al ser la sociedad mercantil la que contrata, TVPC, su administrador único es el órgano de contratación. Eso no significa que yo me permita adjudicar el contrato a quien más gracia me haga. Solo que entre mis deberes está la convocatoria de la adjudicación, la aprobación de los pliegos hechos por los servicios jurídicos y técnicos y firmar la adjudicación que decida la mesa de contratación de la que yo no formo parte.

 

Las empresas interesadas en este proceso de licitación deberían centrar sus esfuerzos en jugar limpio y presentarse al concurso para darle a Canarias los mejores servicios informativos posibles con la mejor tecnología. La sociedad canaria ya no es la misma de hace diez años y solo está dispuesta admitir que se juegue con sus recursos con las cartas sin marcar. Desgraciadamente hay costumbres que son fáciles de adquirir y malas de quitar.

 

Muchos se preguntan por qué no me voy. Yo también me hago la misma pregunta. Estoy cansado de lidiar con la inoperancia y la falta de recursos. De carecer de un mandato claro y de un Consejo Rector con todos sus miembros y capacidad. Pero la razón es la responsabilidad y el amor por esta televisión y esta radio. Yo no abandono mi puesto, yo no dejo mis obligaciones por duras que sean las críticas, no como otros con la piel demasiado fina. Yo vi nacer esta televisión, formé parte de su equipo fundador y me niego a verla morir y dejar a mis compañeros en la calle. No se equivoquen, tengo adonde ir, no como otros muchos que han hecho de la política una casa y no una causa, pero en mi conciencia no va a quedar que los trabajadores, los que hacen posible esta televisión cada día, se queden sin trabajo por intereses políticos o mediáticos. Voy a seguir dando la cara para que me la partan hasta el último día, pero no con las manos atadas a la espalda. No me importa qué intereses defienden algunos ni en qué me afecte, yo seguiré cumpliendo con mi obligación hasta el último día trabajando.

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