El Marqués, baraja y reparte en el PP

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Redacción NoticiasFuerteventura

 

La inminente visita de Pablo Casado a Canarias para poner en orden el Archipiélago ha obrado el milagro: el PP majorero olvida viejas rencillas y se reunifica. O por lo menos lo está intentando. Las instrucciones de Casado son muy claras: sumar votos y olvidar peleas.

 

La más reciente de las periódicas escisiones que el PP ha venido sufriendo en Fuerteventura fue la protagonizada por Enseñat y Montelongo. Ahora, en una nueva “carambola”, el necesario reencuentro de los enemigos “irreconciliables” pasa, sin embargo, por Domingo González Arroyo.

 

Él fue en su momento el principal damnificado de los “nuevos” aires que Soria y Montelongo trajeron al partido. Acabó entonces fuera del PP, pero en un ejercicio de reflejos nada inesperado, supo crear a tiempo el PPM para mantenerse en activo.

 

Y se sentó a esperar en la “bajadita”. Él y su “nevera” llena de votos.

 

Con Antona mandando en Canarias, y por ende Montelongo en horas bajas, lo primero que hizo González Arroyo antes del verano fue acordar con Enseñat un acercamiento del PPM a la nueva dirección del PP insular, para plantear una sola candidatura en las próximas elecciones.

 

Lo segundo fue mover sus influencias para que Ciudadanos apostara en Fuerteventura por incorporar a escindidos de CC, alguno de APA a punto de caer, y… de paso dejar sin posibilidades cualquier aspiración de futuro naranja para Montelongo y sus gentes.

 

Cortadas las salidas, lo tercero fue aparentar que se deja cortejar por los cantos de sirena del grupo de Montelongo.

 

El ojo clínico del Marqués fue de nuevo todo un acierto.

 

Ahora, ya caído Rajoy y desaparecida Cospedal, el PP de Enseñat (voz local de Antona) está desarmado ante la nueva dirección nacional. Y casi por inercia, el de Montelongo toma aire.

 

Pero para ambos grupos, los nuevos tiempos llegaron con nuevas instrucciones, que en realidad se concretaron en  una vuelta al pasado: prietas las filas, unidad, sonrisas, besos y palmadas.

 

Lo más sorprendente es que en este contexto el papel de González Arroyo es imprescindible para el PP de Casado: él es el único que puede unir a Enseñat y Montelongo. El único que habla con ambos. El único que negocia a dos, tres o cuatro bandas. Y el único que puede abrir su nevera de votos del PPM para negociar puestos en las listas electorales. Los negocia para su familia, y para todas las demás.

 

El Marqués es único otra vez.

 

 

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