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San Miguel y el Diablo en Tuineje

 Lucha del Bien y del Mal

 

Ricardo Fajardo Hernández

Investigador en Antropología por la Universidad de La Laguna

 

El teatro navideño ha sido habitual en Canarias en siglos pasados y se conservan reliquias de interés. Fuerteventura no es caso aparte, en Tuineje se sigue representando cada noche del 24 de diciembre un portal viviente con una dramatización de importante significado ritual. Su iglesia se construyó bajo advocación de San Miguel Arcángel en los postreros años del siglo XVII. Inicialmente como pequeña ermita de una nave a la que se fueron adhiriendo nuevas construcciones como la capilla mayor en 1782 y poco después la torre de cantería. No es la construcción sagrada más antigua del municipio pues la ermita de San Marcos en Tiscamanita es de finales del siglo XVII.

 

El 24 de diciembre tiene lugar la misa del gallo en la iglesia de San Miguel Arcángel a los ocho de la tarde, aunque antiguamente se oficiaba a las doce de la noche. Tras el portal viviente y auto de pastores con sus versos sigue la obra teatral conocida como lucha del bien y del mal o lucha de San Miguel y el Diablo[1]. La trama es fundamentalmente un diálogo entre ambas figuras con una fuerza simbólica importante que impacta a los vecinos que se congregan en el templo. Si tenemos en cuenta los personajes que actúan en el portal, los pastores, versadores, demonio y San Miguel Arcángel, son unos cuarenta los vecinos intervinientes.

 

El diálogo entre el diablo y el arcángel ha sido transmitido oralmente desde 1950 en forma de versos. A final del pasado siglo cayó en decadencia, no se hacía cada año hasta decaer completamente. La Asociación Más Ruines que Caín la recuperó en 2007 aunque fuera del templo y dentro de nuevo desde 2009.

 

La misa del gallo se realiza de la manera acostumbrada a las veinte horas. Seguidamente se va a producir la entrada de la Virgen, el Nacimiento, la visita de los Reyes Magos, la actuación de los soldados romanos, la entrada de los pastores y los vecinos que recitan sus versos. El guión del diálogo recrea un enfrentamiento entre el bien y el mal actualmente expresado más enérgicamente. Tras prender una traca fuera de la iglesia aparece por una de las puertas el personaje que interpreta las fuerzas del mal, el demonio, arrogante, desafiante y beligerante. No se sabe por qué puerta va a entrar. Lleva como único atuendo el pantalón corto rojo. El resto del cuerpo que solía estar cubierto con una tela ceñida negra, ha vuelto a ser pintado. Lleva un rabo largo, alas de tela, una cadena gruesa cruzada en el torso –novedoso- y grandes cuernos, “es como un macho cabrío negro, pintado y no con esa ropa pegada, pero como se mueve mucho tiene que estar ligero, tiene que ser uno que tenga resistencia y una voz grave[2]”. Tiene apariencia entre zoomorfa y antropomorfa, como lo es la imagen que está junto al santo que se encuentra en la iglesia. Varias personas se han preocupado de pintarle bien la cara, de hacerle una fisonomía malévola. Entre bramidos se dirige al escenario donde ruge y da voces.

 

“Por Belcebú, tiempo había

que este escondido rincón,

que desprecia mi ambición,

visitado no tenía”

 

El diablo continúa sus versos embravecido y envalentonado, cada vez con mayor vehemencia. Se mueve de un lado a otro con mirada desafiante. Los asistentes a la misa observan en silencio y siguen atentos sus ademanes y gestos. Continúa su diálogo en solitario. Especialmente sentido es cuando distingue a la Virgen y golpea furioso el escenario con la cadena: ¿Dónde está, Dios, tú poder? ¿Tu dominio dónde alcanza?

 

El arcángel San Miguel no tarda en aparecer desde un lugar más alto, sereno y firme. El diablo, pese a su insolencia, parece temerle. El papel del arcángel sigue siendo para una mujer, en los últimos años Noelia Betancor. Sus ropajes imitan a los de la imagen titular de la parroquia, verde y dorado, capa roja, alas doradas, escudo y espada. Se enfrenta al demonio dialécticamente, luego con su arma. El chasquido metálico se produce desde la mesa de sonido pues en realidad son de madera. Tras una lucha furibunda y varias embestidas poco exitosas el diablo cae derrotado, San Miguel victorioso encadena al maligno diciendo: “vencí” ante la emocionada audiencia. El diablo envuelto en ira reconoce la derrota anual: “maldición”, mientras abandona la escena.

 

Esta joya cultural estuvo a punto de perderse y algunos vecinos apostaron porque no fuera así. Se representó en su cincuenta centenario en 2000 para un posterior apagón. En el paréntesis que va entre 2001 y 2006 no hubo lucha entre el bien y el mal en Tuineje interpretado en la nochebuena. El empuje vecinal propició que nuevos actores y gestores buscara su resurgir. El obispado de la diócesis canaria no dio inicialmente el visto bueno y no hubo acuerdo satisfactorio entre las partes[3].

 

Intenté hacer la obra dentro de la iglesia pero hubo una negativa y les dije que la íbamos a hacer fuera en la plaza a las ocho y media”    

 

Entre 1972 y 1977 la década de los setenta del pasado siglo oficiaba de párroco en Tuineje don Felipe Bermúdez Suárez (1972-1977), vivió lo que en el pueblo se conocía “La Salida del Diablo”. Conoció la polémica suscitada cuando se trataba de recuperar la obra y llegó a explicar al obispo que no se trataba de ninguna repesentación pagana sino de una lucha del bien y del mal que llevaba en el pueblo desde los años cincuenta, cosa que el vivió décadas atrás, en la que al final vence el bien y la gente aplaude[4].

 

En la navidad de 2007 se ofició la misa como de costumbre mientras por fuera tuvo lugar la pugna teatralizada con excelente acogida. Tracas, sonido e iluminación unidos a la mayor fuerza expresiva y dinamismo de los actores dieron fuerza a los organizadores[5]. En 2008 sucedió de idéntica manera y se realizó la obra en el exterior de la iglesia. Se preparó el escenario y todo lo necesario por parte de los nueve componentes de Más Ruines que Caín, poco dispuestos a ceder en la interpretación que tanto arraigo tenía entre buena parte de la población. Este tipo de actos, en los que la figura del demonio entrara en las iglesias o permaneciera en el exterior, no ha sido bien acogido siempre y ha contado con oposición de amplios sectores de la iglesia y del pueblo. La tradición y la aceptación popular motivaron su continuidad en esta localidad de Fuerteventura. El actor que había hecho el papel del maligno, Felipe Marrero Francés, vivía en Gran Canaria y contaba ya con sesenta y dos años. La escasa afición de la iglesia por actos que restaran protagonismo a la misa en sí misma era de por sí un inconveniente mayor. Con estos factores en contra, la dramatización dejó de representarse no sin el desconsuelo de buena parte de los habitantes del lugar. Juan José Cabrera Alonso e Inmaculada Marrero lideraron el proyecto con Lolina Negrín, presidenta entonces de la Asociación, y otras seis personas.    

 

La edición de 2009 contó ya con el beneplácito de la iglesia y el nuevo párroco, Vito Ondó Motago, propició la escenificación dentro del templo siempre que el demonio no pasara de la mitad de la iglesia hacia delante y la ocupación del espacio estuviese limitada, no ocultando imágenes ni altar. Desde ese momento ininterrumpidamente se produce el diálogo entre el Diablo y San Miguel Arcángel con algunas variaciones en la puesta de acción que no alteran ni el texto antiguo ni el contexto creativo. Entre ellas la disposición de equipo de sonido que hace más comprensibles a los personajes y aporta música para ambientar la escena. Los versos no se recitan seguidos y dejan algunas pausas con acentuación musical. El actor que engendra al diablo eleva la voz, casi grita con ímpetu, se mueve por la iglesia y trata de ser más imperativo que en las actuaciones del siglo XX.  

 

La obra fue traída a Tuineje sobre 1950 por una maestra llamada María Jesús Ramírez Díaz que era procedente de Gran Canaria”, indica Felipe Marrero Francés[6]. Este tipo de dramas debió ser frecuente en Canarias en el siglo XIX, especialmente en las iglesias bajo advocación de San Miguel, perdiéndose paulatinamente. Es posible que se hubiera realizado en Tuineje con anterioridad. No debe descartarse tal hipótesis, pero no nos consta tal hecho como reitera nuestro informante “fue por mediación de María Jesús que vino aquí de maestra, estaba buscando dónde quedarse y mi madre le ofreció nuestra casa, yo era monaguillo y conocía bien las cosas que se hacían en la iglesia, esa obra la trajo ella, yo la tuve en mis manos y la leí[7]”. La maestra reunió algunos niños y niñas para sus clases e impartió sus enseñanzas en el pueblo al tiempo que buscaba personas para acometer su proyecto con apoyo de la iglesia. Una vez ensayada la obra, sabemos que se enfermó la mujer que iba a hacer de diablo, de manera que ella misma lo interpretó para no perder la iniciativa. María Jesús estuvo en Tuineje solamente unos años, pero la acogida de la obra motivó a otras personas acontinuarla y adoptarla. Es el caso de Felipe Marrero Francés que durante esa década repitió la actividad con tal personaje, con su pantalón rojo, rabo y largos cuernos verticales. Ya en los años sesenta, indica, “se dejó de hacer algunos años porque mucha gente se fue del pueblo para África a trabajar o para otras islas, yo mismo estuve fuera muchos años”. Varias personas han hecho el papel de diablo hombres y mujeres. Pese a la marcha de la maestra la lucha entre el bien y el mal continuó porque se adaptaba perfectamente a la voluntad del pueblo, ideosincracia local, contexto navideño y a la tradición evangélica en la que el Arcángel, que guardan con celo en su iglesia, derrota al demonio. La imagen que se guarda en la parroquia es un San Miguel victorioso, con su espada, y junto a su figura aparece en el suelo, a sus pies, la satánica forma del demonio derrotado y encadenado. En estos años iniciales se bajaba la luz cuando aparecía el diablo y uno de los actores portaba un artilugio para provocar humo, fuego y olor a azufre. Consistía en un elemental artefacto construido con una lata normalmente de leche condensada a la que se fundía un tubo hueco en un lateral. Imitaba una cachimba o pipa de fumar en la que la lata era agujerada por arriba con cinco o seis huecos. Estaba medio llena de azufre. Sobre ella se ponía una vela encendida. Al soplar por el extremo del tubo el azufre salía como una nube que se inflamaba provocando una llamarada, mucho humo y un fuerte olor infernal[8]. Por estas razones era fácil que el pueblo hiciera suya la dramatización. Si el texto se guardó debió estropearse o perderse, “cuando se fue a los pocos años el papel se lo llevó o se perdió pero nos quedó en la memoria de algunos”. La obra poco a poco fue dejándose de hacer, probablemente desde los años setenta se hiciera de manera incontinua cada navidad. En sus primeros años la obra era conocida solamente como El Diablo, “antes no decíamos la Lucha del Bien y del mal, sino El Diablo, la recuerdo desde cuando niña que mis padres me llevaban desde Gran Tarajal y era más o menos como lo de ahora[9]

  

Es en el año 2000, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la representación, cuando algunas personas buscan con anhelo repetirla, sacan fuerza y tiempo movilizando las voluntades necesarias e interpretan de nuevo la Lucha entre San Miguel y el Diablo en la parroquia. Además “estuvo presente María Jesús Ramírez que vino a verla, estaba en Telde y la traje, pero ya ella murió hace tres años[10]. La maestra recibió ese día un cálido homenaje.

 

A lo largo de estos setenta años han interpretado el papel de diablo, además de Felipe Marrero Francés y la propia María Jesús Ramírez Díaz, Lalita Santana, Juana Matos, Miguel Ángel Betancor, Maruca Cabrera y Julián Marrero “Tito”. Todos ellos en las ediciones habidas antes de la nueva puesta en escena de 2007. En este nuevo periodo en que la obra ha sido retomada por la Asociación Más Ruines que Caín, han interpretado el diablo de Tuineje el propio Alejandro Pérez Matoso, Julián Marrero, Antonio Marrero y Fabián Álvarez en las de 2018 y 2019. Ha sido un papel en el que han intervenido hombres y mujeres. Sin embargo el papel de Arcángel San Miguel ha sido interpretado siempre por mujeres como Juana Betancor, Lupe Domínguez, Bienvenida Betancor, Angi Díaz y la actual, Noelia Betancor.

 

Hemos de concluir indicando las modificaciones con respecto a la obra que se realizaba en 1950 y posteriores es mínima, respetándose el cuerpo del texto. Es probable que el guión fuese algo más extenso y quedase solamente el diálogo entre los personajes principales, la parte final. A falta del texto original no podemos contrastar la pervivencia del mismo con rigor pero debe conservarse bastante fiel en tanto que las personas que han interpretado a estos personajes han seguido vinculadas a la tradición. Sí que se han producido algunas modificaciones. Si bien antes se recitaba de continuo, ahora se ha pautado el ritmo de otra forma. Cada pocos versos la música pausa a las palabras, hay más movilidad de los actores que dan marcado énfasis al relato. La entrada del diablo se produce tras la señal de la traca, como antaño, pero actualmente es una traca mayor, de quince metros. Ahora cada paso está ensayado para que resalte y se entienda mejor. El diablo se mueve mucho más por el templo buscando que conmuevan más sus palabras cuando, dirigiéndose al coro, interpela en voz muy alta “¡Dios! ¿dónde estás? O cuando se dirige a la Virgen “¿esa quién es? Así mismo, cuando se inicia la pelea la música in crescendo ayuda a crear un clima emotivo. En la actual dramatización no se sabe por dónde va a entrar el diablo y el ángel sale de la sacristía, de detrás del portal o escondido tras alguna cortina. Sin duda se trata de una dramatización de enorme interés antropológico, una joya de nuestra cultura popular canaria.

 

[1] La representación está declarada como patrimonio Oral Intangible por el Gobierno de Canarias.

[2] Información facilitada por Juan José Cabrera Alonso.

[3] Información facilitada por Juan José Cabrera Alonso, presidente de la Asociación Más Ruines que Caín.

[4] Información facilitada por Felipe Bermúdez Suárez en abril de 2020.

[5]La representamos al mismo tiempo con música fuerte, nadie hizo nada por evitarlo, sabían que lo íbamos a hacer pero no nos molestó nadie ni policía ni nada” (Cabrera, J. J., abril de 2020).

[6] D. Felipe Marrero Francés (Tuineje, 1938) ha interpretado al Diablo en numerosas ocasiones. Su madre acogió en su casa a la maestra del pueblo María Jesús Ramírez Díaz.

[7] Información facilitada por Felipe Marrero Francés (Tuineje, 1938) en abril de 2020.

[8] Información facilitada por Quina (Joaquína) Cubas de Saá (Tuineje, 1946) en abril de 2020.

[9] Información facilitada por Quina (Joaquina) Cubas de Saá (Tuineje, 1946) en abril de 2020.

[10] Información facilitada por Felipe Marrero Francés.

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