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Telepredicadores en tiempos de you tube

 

Hace apenas tres años, allá por enero de 2017, escuchamos por primera vez a alguien hablar de los alternative facts. Hechos alternativos para los profanos en la lengua vernácula de Shakespeare.

 

La asesora del presidente TRUMP, Kellyanne Conway, durante una entrevista en un programa de televisión acuñó el termino para referirse a la mentira del secretario de prensa Sean Spicer que había dicho que la toma de posesión de TRUMP había sido la más seguida de la historia cuando había sido casi la mitad que los participantes en la del anterior presidente Barak Obama.

 

Conway sabiendo de la mentira de su colega, y sin saber la caja de pandora que abría, planteó que existe un mundo alternativo, donde las verdades objetivas pueden llegar a ser falsedades siempre que se las vista con un halo de perseverancia. Habían nacido los alternative facts.

 

Básicamente es la respuesta que daría Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, cuando la propaganda nazi proporcionó un instrumento crucial para adquirir y mantener el poder, así como para la implementación de sus políticas.

 

La famosa sentencia “repite una mentira mil veces y se convertirá en verdad” convirtió a Goebbels en el antecesor de este nuevo contexto de las alternative facts.

 

Por otro lado para que las alternative facts funcionen como estrategia en el convencimiento del ciudadano de que no existen hechos objetivos, hay que minar la honorabilidad de medios de comunicación y difamar los esfuerzos científicos por encontrar la verdad.

 

Las fake news son las hijas de las alternative facts. El mundo de la prensa digital, y sobre todo la amplificación de las redes sociales, hace que “las nuevas verdades” se distribuyan a velocidad de vértigo sin más control que el talante en que se encuentre el consumidor de la misma ese día.

 

No importa la ciencia, no importa el criterio periodístico, no importa la gestión de la verdad, solamente importa la opinión, y las opiniones han pasado al plano de la post verdad.

 

Cualquiera con una opinión apuntala su punto de vista con videos, artículos de dudosa reputación o una legión de vendedores de humo que pululan por las diferentes plataformas de comunicación de la era digital.

 

En este punto me acabo de acordar que íbamos a hablar de los ciudadanos que creen todo lo que ven en You Tube, sobre todo terraplanistas, antimascarillas, negacionistas varios y conspiranoicos de sala de estar, pero me da que me quedé sin espacio. Otro día.