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Canarias tiene que proponer. Sebastián Álvarez. Productor cinematográfico

Sebastián Álvarez. Productor cinematográfico

 

Hablar de cine canario, de cine hecho en Canarias y de producciones internacionales que ruedan en Canarias se vuelve ya algo ligeramente repetitivo. En numerosas ocasiones he compartido, junto a compañeros de profesión, el estado de nuestro sector en las islas: un adolescente al que se le pasan los años, y ya en edad adulta, sigue inmaduro.

 

Las Film Commission han ayudado. El Cluster Audiovisual hace su trabajo, al igual que Canary Islands Film y Canarias Cultura en Red. Desde el Gobierno de España y gracias al Régimen Económico y Fiscal de Canarias, presumimos del programa de incentivos fiscales más competitivo a nivel internacional. Las islas no pueden dar más de sí: paraíso natural y platós excepcionales. Lo tenemos todo. Sin embargo, aún tenemos una voz tímida en el panorama nacional e internacional del audiovisual. ¿Por qué?

 

Como productor cinematográfico, me adentro en mi cuarta década haciendo películas en las islas. Desde el nacimiento como director de Juan Carlos Fresnadillo, hasta la nueva hornada de cineastas como Miguel Mejías o David Pantaleón, lo he visto todo y he participado en buena parte, tanto en las más humildes producciones locales como en el aterrizaje del mastodonte hollywoodiense.

 

Si hay algo constante que no ha cambiado desde entonces hasta hoy es la sensación de que vamos en el buen camino, pero aún no hemos llegado. Las producciones internacionales de gran presupuesto siguen llenando contenedores para poder surtirse de todas sus necesidades en Canarias. Aún peor, siguen llenando aviones de técnicos porque nuestros profesionales locales no son suficientes. Los productores internacionales siguen viniendo a un destino que ellos mismos tienen que acondicionar para acogerles, a la manera en que un cliente que necesita arreglar el ascensor de un hotel.

 

Por añadidura, la crisis del coronavirus ha destapado las vergüenzas del modelo económico canario. Se había dicho miles de veces: vivimos solo del turismo y eso nos hace vulnerables. Pues bien, nunca se había manifestado con tanta crudeza esta realidad. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de cada ser humano de consumir cultura. Los números de las plataformas VOD así lo demuestran.

 

La mayoría hemos tenido ocasión de vivir otras crisis, más o menos profundas, pero en esta ocasión nos enfrentamos no sólo a una debacle económica de enormes proporciones, sino que, además, la tecnología digital y la actual globalización han abierto unos frentes ante los que se debe tomar urgentes y trascendentales decisiones. Es decir, no vale con ofrecer nuestros paisajes y nuestra infraestructura: Canarias tiene que proponer.

 

El sector cinematográfico canario está aún en su génesis, pero también es justo reconocer el trabajo realizado que hace que estemos preparados para dar el salto. Con los cimientos que tenemos, es hora de mirar hacia el futuro y abrazar las nuevas realidades tecnológicas y de las comunicaciones.

 

Hablo de la necesidad de una formación mejorada y de primer nivel que redunde en un mayor número de contrataciones estables y cualificadas, de la consolidación definitiva de los mecanismos fiscales para producciones internacionales y del impulso a las voces propias de realizadores canarios. Para dar un paso hacia adelante necesario reforzar todos los eslabones del sistema, así como aprovechar el marco legal europeo y nacional, a la vez que creemos más que nunca en nuestro potencial.

Con un impulso transversal en todos estos ejes dejaremos de ser un destino en el que retratar paisajes de leyenda para dar un salto cualitativo: Canarias puede ser un verdadero motor cinematográfico, y por ende el audiovisual puede ser uno de los verdaderos motores para la futura economía canaria.

 

Estamos en un momento idóneo: hay un parón sin parangón en la producción internacional, al tiempo que las plataformas VOD tienen mayores ingresos que nunca. Demandan contenidos y se prevé que su crecimiento se mantendrá durante los próximos cinco años. Al mismo tiempo, Canarias sufre las consecuencias de esta crisis mientras cuenta con unas estructuras capaces de crecer y adquirir voz propia en el panorama internacional del audiovisual y las nuevas tecnologías vinculadas al ocio.

 

Es una oportunidad sin igual, una coincidencia de factores de la que no disfruta ningún otro territorio: clima, espectro de localizaciones, marco fiscal favorable, marco jurídico estable, industria creciente, necesidad mundial de mayor consumo de audiovisual y contenidos de entretenimiento.

 

Entramos en 2021 con la posibilidad de acelerar y trazar nuevos rumbos -los antiguos se han vuelto obsoletos- para la mejora de las capacidades de un sector de futuro según todos los índices, y además fuertemente necesitado de capital humano. Debemos insistir más que nunca en el valor de la economía del conocimiento, las ideas y la creatividad. Este tipo de economía no solo no genera desechos ni contamina el entorno, sino que genera y multiplica posibilidades, promueve cambios y sitúa su peso en las capacidades de las personas.

 

Todo esto no se improvisa, pero tampoco es imposible. Lo demandan nuestros creadores, lo exige el sector, lo premian los mercados y lo necesita desesperadamente nuestra economía.

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