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El Cachetón

Encontrar argumentos para justificar la violencia siempre ha sido el paso en el que un bárbaro trata de parecer civilizado, y es en ese argumentario donde la violencia se cronifica y se convierte en algo a legitimar. Por parte del violento, es la forma de institucionalizarla.


El acto violento en si mismo puede, objetivamente, atender a múltiples razones, múltiples justificaciones, una retahíla inmensa de peros, pero la trampa estriba en este punto porque la violencia es la última manera de resolver los conflictos, al menos si nos atenemos al grado de civilización que venimos alcanzando, …o veníamos alcanzando.

 

No es menos cierto que la violencia es más violencia cuando la sentimos cerca, la guerra es más guerra cuando se trata de iguales, y digo esto porque si la violencia callejera es en Panamá como que mal, pero como que lejos…. Igual con las guerras si son en Siria o Palestina. Igual con los miserables de nuestro tiempo si son de Mauritania o Senegal.

 

En la psicopatología moderna, los psiquiatras hablan del estrés crónico y de un modo “alarma” elevado, para definir el grado desproporcionado de agresión que se descarga frente a estímulos que no lo justifican, conducta que viene definiendo toda una época de nuestra sociedad y que nos depara un sombrío porvenir.

 

Mientras Putin justifica muertos y mucha violencia por una suerte de juego del RISK con fronteras y modos de la época de entreguerras del S.XX, va Will Smith y le “mete un cachetón” a un humorista que hacía un chiste de mal gusto sobre el pelo de su mujer, o la falta del mismo, que de eso iba el chiste.

 

Y la justificación posterior de este comportamiento, que puede ser el ejemplo más claro de “machito de la Acatife” de los tiempos de la postpandemia, es todavía más grave que el cachetón. La justificación de la violencia es el aspecto que finalmente resuena en la psique de millones de opinadores de todo el planeta.

 

Aspectos como “defensa de lo que más quiere”, “el amor te hace cometer locuras”, “he recibido la llamada de amar a la gente y proteger a la gente, y ser un río para mi gente”, se convierten en las grandes falacias, en la trampa mental que Will se hace así mismo y en la que muchos nos hemos visto envueltos alguna vez.

 

Es la misma trampa de Putín, la misma de Hitler, la misma de Stalin y la de tantos otros que en la búsqueda del poder acaban en la violencia y la tratan de justificar con amor a (….. ponga aquí lo que quiera…..).

 

Justificar la violencia es en definitiva el momento álgido de la miseria humana, es el reencuentro con el demonio que llevamos dentro. Da más miedo que Smith diga que lo hace por amor que el “cachetón” en sí mismo.

 

Es el momento de que todas las mujeres del mundo digan en voz alta lo que todos sabemos.