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La tormenta perfecta

 

  • Redacción NoticiasFuerteventura
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    Ocurrió hace algo menos de cuatro años, el 27 de enero de 2017. El partido del actual vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, celebró una manifestación frente a la sede de la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia, en Madrid, para protestar contra el Gobierno de Mariano Rajoy por no hacer nada ante el encarecimiento del precio en la factura de la luz, que en aquellos días había experimentado una subida importante, coincidiendo con la ola de frío que acompañó la entrada del año. En la manifestación, convocada bajo el lema “es una vergüenza”, participaron dos de los actuales miembros del Gobierno español, Irene Montero y Pablo Iglesias.

     

    Iglesias explicó entonces que el objetivo de la protesta frente al organismo regulador era “asegurar la transparencia y el correcto funcionamiento del mercado eléctrico y exigir una investigación imparcial que determine las causas y responsabilidades de la desproporcionada subida de la luz”. Iglesias fue contundente en sus declaraciones: “Estamos aquí en esta concentración para exigir a la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia, que es un organismo público, dependiente del Congreso de los Diputados, con capacidad reguladora, para que intervenga”. Iglesias explicó también las funciones de la Comisión: “este organismo está para proteger los mercados (sic) cuando actúan en contra de los intereses de los consumidores, de los ciudadanos y de las empresas”, dijo. Y remató con los eslóganes coreados por los participantes en la protesta: “es una vergüenza que las eléctricas sigan metiendo la mano en los bolsillos de los ciudadanos; es una vergüenza que en este país la factura de la luz suba el día que más frío hace y que el Gobierno nos diga que el problema es el viento o la meteorología; es una vergüenza que las empresas eléctricas estratégicas sigan sentando en sus consejos de administración a ex ministros y expresidentes del Partido Popular y el Partido Socialista; es una vergüenza que el Gobierno no intervenga, porque esto hace mucho daño a los ciudadanos de nuestro país, a gente que padece pobreza energética, a trabajadores, a trabajadoras, a estudiantes, a jubilados, a personas que están en el paro, a autónomos…”.

     

    Pues resulta que la vergüenza ha vuelto a producirse, cuatro años después. Coincidiendo con el temporal de nieve que nos trajo Filomena –el peor que se recuerda–, el precio medio diario de la luz en el mercado mayorista se disparó hasta los 95 euros por megavatio hora. Por los mismos motivos que antes le parecían una vergüenza a Iglesias, y que ahora la ministra de Transición Ecológica explica de nuevo: hay poca producción de energía renovable, mucha demanda por el frío y el aumento de los precios en el mercado de gas y del CO2 han provocado “que tengamos un incremento importantísimo del precio”. Aun así, “no hay que asustarse”, ha dicho, porque cuando cambie el tiempo las cosas volverán a ser como antes, y además, está pasando lo mismo en toda Europa, que los precios de la luz están subiendo mucho. La ministra asegura que lo que ha ocurrido es una “tormenta perfecta”.

     

    Mucho más perfecta debe ser, desde luego, si vives en un casoplón de Galapagar con chimenea y calefacción y puedes mirar como cae la nieve sobre tu piscina y tu jardín, que si vives en un piso de Vallecas mal acondicionado, en el que se cuela el frío por todos lados. En la ‘Crítica al programa de Gotha’, Carlos Marx acuñó una célebre sentencia: “la forma de vida determina la conciencia”, dijo. Quizá por eso, ni el vicepresidente Iglesias ni la ministra Montero han ido esta vez a manifestarse frente a la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia, a pedir que cese la vergüenza o que se cree una empresa pública de generación de energía, como las que existen en Italia y Francia. Por cierto, que allí los precios han funcionado igual que en España. Y eso también lo ha explicado la ministra: “no hay margen para imaginar que el hecho de ser público permita vender bajo coste”. Pues eso.

      

    La verdadera ‘tormenta perfecta’ que arrasa con todo lo que encuentra a su paso es la cruda realidad. Si hace frío sube el precio del calor. Y si estás en el Gobierno y cobras siete mil del ala al mes, eso no te resulta una verguenza. Te resulta indiferente, porque a ti no te afecta.