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Apañadas, el proceso de marcar el ganado (y 2)

Las marcas, control en la Gambuesa y penalización de las ausencias

 

  • Redacción NoticiasFuerteventura
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    El proceso de marcar el ganado continúa y se atienden a reglas de control para que el trabajo se desarrolle correctamente

     

    Es importante mantener cierto control a la hora de marcar el ganado y de esta forma durante el proceso “se limita el acceso de las personas que se acercan a marcar, para poderlo realizar de una manera controlada y evitar que el ganado se altere y se ‘deshije’. Otra persona está en la puerta de salida de la gambuesa encargada de controlar que el ganado que sale esté correctamente marcado”.

     

    «(...) no todos juntos, vayan marcando de dos en dos, cogiendo cada uno porque si nos metemos todos se deshija el ganado y eso es un punto que hay que estar con ellos, para que lo que vas a coger es lo que vas a marcar, que toda la gente cree... que como está un baifo con la madre ya es de él (...).» (Juan Pérez Viera, 1951, comisionado de Pájara).

     

     

    «(...) en la puerta siempre se ponía un hombre u otro hombre, acuclilladito allí en la puerta. Las puertas son de esas de sobrepuerta ¡bueh! (...) para atajarlas, porque el ganado se marcaba allí en la puerta. Cuando se terminaba el hombre se jalaba para un lado, según iban marcando la cabra saliendo con el baifo marcado y el hombre dándole puerta, el que se la alcanzaba, el hombre se torcía y la cabra salía, otra marcada, venga, otra y hasta que se terminaba: ‘Traigan otra.’ Otra remesa, como se le decía: ‘Otra remesa, otra remesa, otra remesa.’ Hasta que se terminaba pero todo hecho a consciencia y nada de follones y nada de pleitos como hay hoy, uno grita acá otro grita allá ¡bah!» (Agustín de León Soler, 1932, ganadero de Casillas del Ángel).

     

     

    La ausencia a la apañada se penaliza

     

    “En algunas zonas se ha implantado la regla de que el ganadero que no acuda a la apañada no se le marca las crías que le pertenecen, soltándolas de nuevo guaniles. Este nuevo criterio se ha introducido debido a las sucesivas ausencias de ganaderos que tienen ganado en la costa. Antes no existía este problema porque la dependencia de la ganadería hacía que todos los pastores acudieran a las apañadas de su zona y se comprendía su ausencia en apañadas en otras zonas pudiendo encargarse de marcar otro vecino o amigo” (La Cabra de Costa de Fuerteventura).

     

    «Y si no está el dueño pues si suele venir, si ese día no pudo venir, se le marca con la marca de la cabra y se suelta, y si el dueño no está viniendo pues se suelta sin marcar. Se le avisa que se soltó la cría sin marcar y si quiere recogerla pues se... y si no se deja sin marcar y cuando sea grande se... Si él no la marca cuando chica, pues cuando sea grande se separa de la madre pues es de los apañadores o se subasta (…).» (Martín Cano Clavijo, 1963, comisionado de Tuineje).

     

    «(...) ahí pusieron leyes porque la gente no iba a las apañadas sino al corral, esto todo ha sido una comedia. La gente antes, antes iba la gente por apañar, les gustaba correr detrás de las cabras y eso era una fiesta pero ya después la gente ‘¡Yas! Yo voy a la apañada pero voy al corral a verlas.’ Y la gente las suyas las tocaba yo y usted iba a marcar los baifos al corral entonces el comisionado pegó a decir: ‘¡No! En tal sitio nos juntamos tal día para apañar y el que no va a la apañada no se le marcan los baifos, así que tiene que ir a la apañada, apañar para poder marcar a los baifos, si no va a la apañada sino al corral la cabra sale con los baifos guaniles otra vez.’ Y llegaron a hacerlo, a la otra apañada iba [risas] había respeto, había un respeto y vergüenza.» (Agustín de León Soler, 1932, ganadero de Casillas del Ángel).

     

    «En las épocas mía eso se consideraba, tú tienes dos cabras y no vas a estar apañándome las cabras, no vas a ir todos los meses a las apañadas, tienes dos cabras y entraban... a última hora se quiso exigir eso y yo no lo permití, porque si tú estás viniendo y puedes venir al año dos veces que vengas porque tengas dos cabras estás cumpliendo bastante tu deber. Y entonces yo sí veía entrar la cabra tuya, sí se le marca, sí se le marca porque él vino en la apañada pasada y no le entró la cabra, no vino la cabra y vino hoy ¿se la vamos a soltar a la cabra con hijos para que haya un problema de tal? Hoy existe muchas cosas pero hoy es otro mundo distinto en la ganadería a lo que había, a la gente que existía antes (...).» (Maximino Robaina Torres, 1937, ganadero y carnicero de Betancuria).

     

    «(...) si venía Maximino marcaba las de los hermanos o las de los amigos y nosotros si íbamos allá pasaba lo mismo. Las que eran de aquí, de los vecinos de aquí las marcábamos nosotros, el que iba fuera de Casillas, fuera de Tefía, fuera de donde fuera.» (Agustín de León Soler, 1932, ganadero de Casillas del Ángel).

     

    En algunas ocasiones, para facilitar la tarea en las apañadas próximas, los ganaderos le pintan los cuernos a las cabras y las crías que ya han sido marcadas.

     

    «Después, cuando terminamos de apartarlas, las soltamos en la gambuesa grande, entonces las vemos ahijar los baifos unos con otros. Entonces las vas marcando, marcando y echándolas fuera, y le pintamos un cuerno para saber las que tenemos marcadas y las que no tenemos porque como son muchas, marcamos los baifos y a las madres les pintamos un cuerno para saber la que tiene la cría marcada porque cuando vuelva… porque no entran todas, después cuando vuelvan a apañar otra vez, entonces ya nos es más fácil. Esta tiene la cría marcada esta para la calle y los baifos marcados, entonces nos es más fácil que no... y no hay que estar preguntando: ‘¡Mira! ésta tiene la cría marcada, ésta no la tiene.’ Entonces ya los que estamos apartando sabemos que las...» (Vicente Hernández Santana, 1946, comisionado de Betancuria).

     

    (...) aquí, como hay muchas, para no equivocarnos muchos le pintan un cuerno con pintura y ya en otra apañada ya lo avanzamos más porque sabemos que todas las que están pintadas están marcados ya, lo que después nos confunden porque muchas dan dos crías al año pero eso ya uno las ve.» (Antonio Cabrera Morales, comisionado de Puerto del Rosario).

     

    Mientras se está en la gambuesa algunos pastores aprovechan también para aplicar a su ganado polvo insecticida con el fin de desparasitar a los animales que se van a volver a soltar. Esta tarea se suele realizar entre dos personas que se ayudan para tumbar el animal para así poder espolvorear el insecticida de forma eficaz.