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Las herramientas de la apañada, La Lata o Garrote (I)

Para moverse por los riscos el majorero hereda de su pasado pre hispánico este fenomenal utensilio utilizado en el pastoreo

 

  • Redacción NoticiasFuerteventura
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    La lata su usa por todo el archipiélago, y es en este sentido un símbolo de la cultura canaria. Símbolo que resulta de gran utilidad en el pastoreo del ganado de costa en la isla de Fuerteventura, en el siguiente artículo extractamos el pasaje integro del libro de Allende y Edgar, El ganado de Costa de Fuerteventura, una aproximación desde la etnografía, porque es un capitulo que nos parece de una gran belleza tanto en contenido como las vivencias de los ganaderos

     

    “La lata o garrote es un palo utilizado por los pastores tanto en su actividad diaria de pastoreo como en las apañadas, donde su uso es fundamental. El uso de la lata facilita el tránsito de los pastores por terrenos escarpados permitiendo salvar barrancos, piedras o descensos con mayor facilidad. La lata es una herramienta que viene utilizándose desde tiempos inmemoriales”, explican los autores.

     

    «Porque es más fácil para caminar y en tierras laderas es mejor, porque te vas fundando con la lata, la lata es un pie más (...).» (Vicente Hernández Santana, 1946, comisionado de Betancuria).

     

    «(...) los garrotes de toda la vida, los garrotes les decimos nosotros ¿no? El nombre es lata pero nosotros le decíamos los garrotes. (...) yo todos los días para ir a las cabras, para ir a apañar las cabras, que las apañaba todos los días, había que apañarlas, yo siempre. Sin el garrote no, con el garrote, que subir y bajar muchos riscachos y mucho tal, y el garrote te alivia mucho porque no es igual tu brincar de aquí sobre... botarte de aquí abajo sobre los pies a fundar con el garrote que te apoyas con los brazos y los pies llegan abajo tranquilamente, no tirarte sobre de ellos y eso el garrote es ayuda, nos ayudaba mucho la lata.» (Miguel Viera Torres, 1931, ganadero de Morro Jable).

     

     

    «(...) la lata especialmente es para las apañadas. Para apañar, esos morros de ahí arriba desde aquí parece una cosa pero eso es malísimo ¡eh! Y ahí tienes la lata, te defiendes un montón porque la lata..., apoyas la lata entonces se defiende uno ¡bueh! Más con la lata que sin la lata en sitios malos.» (Tomás Acosta Cabrera, 1943, comisionado de Antigua Norte).

     

    «Sí, la lata, el garrote sí, garrote llamamos aquí el garrote, esa la utilizamos para... (...) Esas montañas para abajo sin palo, sin garrote, sin la lata, es peligroso. Sí, toda la vida desde que nací, desde que nací lo recuerdo (...) los que sabemos con lata eso es una ayuda, para subir no tanto pero para bajar, es que bajar encima de los pies tu bajas encima de la lata, brincas de un risco a otro, de una piedra a la otra sobre la lata, eso te ayuda un montón a los pies y para subir igual, casi te vas fundando en ella. Para nosotros, para mí la lata es un... La lata cada vez que hay un barranquillo para cruzar la usas y saltas encima de ella y sobre una piedra, hay una piedra grande, un risquito aquí pues la funda y saltas encima de ella, eso que te ayuda bajando y caminando, eso que te ayuda, la lata hay que saberla llevar y es que la lata es una ayuda ¡eh! Muy buena, a mí me ayuda mucho los que la sabemos manejar. (...) de toda la vida yo recuerdo a ellos..., toda la vida con las latas (...).» (Juan Pérez Viera, 1951, comisionado de Pájara).

     

    En las apañadas la lata también es utilizada como ayuda para atajar el ganado y para atrapar baifos que tratan de huir.

     

    «Sí, el palo también, cuando vas entrando el ganado en el corral enviste para atrás y con el palo las... eso para todo le hace falta el garrote, la lata sí, de verdad que sí.» (Juan Pérez Viera, 1951, comisionado de Pájara).149

     

    «(...) la lata para coger los baifos es estupenda, eso lo primero, antes un baifo que se iba a escapar le ponías el palo detrás del cogote y lo trincabas allí, porque a lo mejor el baifo va por allá y tú haya no alcanzar a cogerlo pero con la lata, la lata te alcanza allí y lo aprietas allí para abajo y lo coges, te vas por el palo para allá y lo coges allí, lo trincas allí y vas y lo coges. Eso sí lo practiqué yo en su momento creo que ya... lo aprietas allí y pegas a ir por el palo para allá y lo coges.» (Maximino Robaina Torres, 1937, ganadero y carnicero de Betancuria).

     

    «(…) con la lata cogemos los baifos, los espantamos, pero los baifos los cogemos cuando se nos viran y estamos cerca los cogemos con la lata.» (Vicente Hernández Santana, 1946, comisionado de Betancuria).

     

    Tamaño de la lata

     

    “El tamaño de la lata varía en función del uso y el terreno para la que esté destinada. Por un lado están las ‘latas de camino’, que son de menor tamaño y peso, y que están pensadas para su uso diario en las labores de pastoreo en terrenos favorables. Su tamaño es un poco mayor que un bastón, no permitiendo realizar grandes saltos pero siendo de ayuda para superar pequeños obstáculos”, explican Edgar y Allende.

     

    «La defensa del pastor es la latita esta, aunque es pequeñita, para mí es pequeñita, porque es para lo diario nada más, y el dueño de la latita esta también es un pastorcito pequeño también [risas]. Esto nada más que es un palito de lo que estábamos hablando para dos o tres cabras que tenga usted en su casa para ir a pastorearlas, casi nada más que de bastón, nada más que una cosita poca, pasar un baranquillito pequeño pero para apañar no. (Nicolás Herrera Cabrera, 1937, comisionado Antigua Sur).

     

    «(...) hay unas de esas de camino que llaman para suponer para hacer alguna caminata, ansina entonces son pequeñitas y no muy grandes nada más que como un bastoncito para... un poco más grande que un bastón para irse uno fundando nada más pero eso es para hacer caminadas ansina...» (Tomás Acosta Cabrera, 1943, comisionado de Antigua Norte).

     

    «Cuando vas a caminar se suele llevar el garrote, pero pequeñito más bien. Un poco más que un bastón, que es más liviano y entonces te cansas menos, para caminar es mejor un palo más chico (...).» (Martín Cano Clavijo, 1963, comisionado de Tuineje).

     

    Las latas de mayor tamaño son utilizadas principalmente para las apañadas, teniendo que ser más largas cuanto más escarpado es el terreno. Las latas utilizadas en las apañadas de Fuerteventura oscilan entre los dos y tres metros de altura.

     

    «Para apañar, que aquí las tenemos, más grandes, no caben aquí, son mucho más grandes y gruesas y más fuertes que esto también que amortice cuesta trabajo. Se puede usted tirar, con un palo fuerte de esos se puede usted tirar, saltando por ahí, el que tenga piernas se tira como un diablo con el palo este sí (…) Normalmente dos metros, no, más de dos metros son palos grandes.» (Nicolás Herrera Cabrera, 1937, comisionado Antigua Sur).

     

    «(...) las latas grandes son para andar por esas montañas ahí arriba, a suponer que uno llega a un risco de esos, vas a saltar el risco, tiras la lata al suelo y saltas con la lata, eso está entre dos metros y medio hasta tres metros (...).» (Tomás Acosta Cabrera, 1943, comisionado de Antigua Norte).

     

    «Nosotros, los que estamos arriba todavía en lo alto son más largas. Claro más larga la lata porque hay riscos que tienes que bajar y que la lata te quede bastante, suficiente larga para abajo y cortita te puede enganchar hasta por aquí, ya han habido de esos. Una vez le oí yo a mi familia, una vez enganchó a un hombre atrás en la cumbre y bajo la cabeza para abajo y puso la lata ¿no? Para saltar y como le quedaba corta al tirarse lo enganchó por aquí por la chaqueta y lo florió, el garrote lo enganchó aquí y claro lo levantó y lo botó para allá y se mató. Ya te digo las latas en la cumbre tienen que ser grandes, larguitas.» (Juan Pérez Viera, 1951, comisionado de Pájara).

     

    «(...) un garrote para ir a la montaña debería de tener mínimo dos metros, dos metros y medio, porque si vas a saltar de un lado para otro, el garrote, si es chico, ya no puedes saltar, entonces el garrote grande te ayuda a pasar de un lado para otro y en los riscos te ayuda bastante.» (Martín Cano Clavijo, 1963, comisionado de Tuineje).